Cuento de las nueces encantadas

Cuento de las nueces encantadas

Ilse e Imelda eran dos primas que esperaban ansiosamente la llegada del verano, pues en esa época era donde podían pasar más tiempo juntas, debido a que la primera vivía en la ciudad. En tanto que la segunda lo hacía en el campo.

La casa de Imelda era inmensamente grande, o al menos eso decían los que la conocieron. Tenía dos cocinas, seis baños, y 12 recámaras etcétera.

Para unas niñas que rondaban los 10 años de edad, eso era un sueño, ya que podían aprovechar cada rincón de la casa para jugar a las escondidillas. Sin embargo, la máxima diversión consistía en ir al jardín trasero y subir hasta el tejado donde regularmente había regadas cientos de nueces, provenientes del nogal ubicado en la propiedad contigua.

Era muy extraño, nadie había visto regar ese frondoso árbol. A pesar de ello, su tronco lucía fuerte y sus hojas eran verdes y grandes.

Las niñas se sentaban en la azotea y con la ayuda de una piedra, pelaban cada fruto seco hasta sacarle el último pedacito de deliciosa carne.

- ¡Están buenísimas! Dijo Ilse.

- Si, como siempre, su sabor es delicioso. ¡Qué bueno que nadie ha descubierto este escondite y así sólo tú y yo podemos disfrutar de este banquete!

Una de esas tardes, Imelda notó que algunas de las nueces eran diferentes. Su cáscara tenía un color verde y el fruto era de un tono morado profundo.

- ¿Ya viste esto? Está muy raro ¿no? Exclamó Imelda.

- A lo mejor es que esas nueces ya están echadas a perder. Contestó Ilse.

- No lo creo, si estuvieran podridas olerían feo y su aroma es exquisito. Replicó Imelda.

- Es verdad. Además yo tengo mucha hambre, voy a probar una a ver qué tal sabe. Dijo Ilse.

La niña partió la nuez y se la comió rápidamente. A los pocos minutos de haber hecho eso, su cuerpo se transformó en el de una simpática y pequeña ardilla, justo como esos que aparecen en los cuentos para chicos.

Imelda para no quedarse atrás hizo lo mismo. Pronto las dos “ardillitas” estaban jugando por entre las ramas del árbol.

El hechizo terminó cuando el sol se ocultó. Así que entraron a su casa, como si nada hubiera pasado. Ese secreto lo tenían guardado hasta ahora, que hicieron el favor de contármelo.

El día y la noche

El día y la noche

Los viernes, la maestra Lety de preescolar al dar las 10 de la mañana, sacaba una libreta grande forrada de color de rosa con el título leyendas mexicanas cortas para niños. Mis compañeros y yo sabíamos lo que eso quería decir.

Era el momento de escuchar una crónica antigua de la época prehispánica. En una ocasión la profesora nos contó acerca del origen de los símbolos del día y la noche. Obviamente me refiero a la creación de la luna y el sol solamente que vista desde la óptica mesoamericana.

El lugar donde se historia comienza es nada más y nada menos que la ciudad de Teotihuacán, ubicada aproximadamente a 50 km de distancia de la Ciudad de México.

Por otra parte, vale la pena recordar que uno de los muchos significados que los historiadores le han dado a esta demarcación es la de “Lugar donde los hombres se conviertan en dioses”, frase que lo define a las 1000 maravillas.

Resulta y sucede que un día los dioses de Teotihuacán que habitaban en el cielo, se percataron de que hacía falta una luz que iluminara a las personas que vivían en el plano terrenal.

Con el tiempo se les ocurrió elaborar una gigantesca fogata en donde alguno de los guerreros se tendría que arrojar de manera voluntaria para que así se formara lo que a la postre se llamaría simplemente “Sol”.

Para esta convocatoria, únicamente hubo dos candidatos. Ambos eran diametralmente distintos entre sí. Uno era alto, fuerte, robusto en tanto que el otro era enclenque, enfermizo y bajo de estatura.

No obstante, al momento de tener que arrojarse a las llamas y ser abrazado por ese infernal calor, el primero de los dos contendientes sintió mucho miedo y se alejó de ahí. Entonces el pequeño guerrero, sin pensarlo mucho, se arrojó y a los pocos minutos quedó transformado en un imponente sol.

Después de observar eso, el otro guerrero siguió los pasos de su compañero, pues no quería ser visto por la concurrencia como un cobarde. A pesar de eso, los dioses decidieron que ya era suficiente con un “astro rey”, por lo que apagaron la luz de éste, convirtiéndolo en la “Luna”.

La gallina de los huevos de oro

cuentos huevos de oroHabía una vez un granjero muy pobre, tan pobre que ni siquiera tenía una vaca. Pasaba el día trabajando en el campo, lamentándose de su suerte y soñando con hacerse muy rico. Uno de tantos días, escuchó sus quejas un hombrecillo que pasaba.

—Buen hombre, escuché tus penas, y estoy dispuesto a ayudarte. Toma esta maravillosa gallina; todos los días pone un huevo de oro y podrás ser tan rico como quieres —dichas tales palabras, el hombrecillo se esfumó. Sigue leyendo

El joven y el escorpión

fabulas escorpionUn joven andaba en el prado cazando saltamontes. Cuando ya había capturado un buen número de ellos, se encontró con escorpión, y quiso tomarlo también.

Dándose cuenta de esto, el escorpión, mostrándole su ponzoña le dijo:

—Si me hubieras tocado, me hubieras perdido, pero tú también a todos tus saltamontes.

Moraleja:

Cuando hagas un capital con tu trabajo, cuida de no perderlo por tratar de tomar lo que no debes.

Piel de Oso


Mientras un joven soldado atravesaba el bosque, le salió al paso un mago.

—Si guardas valentía en tu corazón, dispara contra el oso que está a tu espalda—. El joven hizo lo que le pedía; entonces la piel del oso cayó al suelo y el animal fue a refugiarse entre los árboles.

—Si llevas esa piel durante tres años seguidos —agregó el mago— te daré una bolsa que siempre estará llena de oro. ¿Qué decides?. Sigue leyendo

Historias del sol

cuentos historias del sol

-¡Ahora voy a contar yo! -dijo el Viento.

-No, perdone -replicó la Lluvia-. Bastante tiempo ha pasado usted en la esquina de la calle, aullando con todas sus fuerzas.

-¿Éstas son las gracias -protestó el Viento- que me da por haber vuelto en su obsequio varios paraguas, y aún haberlos roto, cuando la gente nada quería con usted?

-Tengamos la fiesta en paz -intervino el Sol-. Contaré yo.

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El Silbón

El SilbónProveniente de los llanos venezolanos, El silbón -según dice el cuento- es la historia de un hombre muy alto que mata succionándoles el ombligo a los hombres borrachos que andan solos por el monte -sobre todo en los meses de lluvia- para absorberles todo el licor que han ingerido, dejando así el cuerpo completamente cadavérico. Y en caso de los hombres mujeriegos, los despedaza y colecciona sus huesos en una bolsa que lleva en la espalda.

Según relata el cuento de terror,Elsilbón era un joven leñador que mató y destripó a su padre después que este mató a su esposa por ser una mujer infiel. Luego cuando la madre y el abuelo se enteraron de lo que había hecho con su padre, lo mandaron a buscar y el abuelo lo ató a un árbol para azotarlo ferozmente y luego le lavó las heridas con agua caliente. Después de esto, le entregó una bolsa en la cual se encontraban los restos de su padre y le soltó los perros de la finca, los cuales le persiguieron hiriéndolo aún más. Todo esto ocurrió ante la vista de la adolorida madre, la cual ya casi sin aliento le maldijo por haber matado a su padre haciéndolo vagar por la tierra con los huesos de su padre a cuestas para que así nunca olvidase el acto que había cometido.

Según cuentan los habitantes de los llanos, este espanto posee un silbido muy particular, el cual va de modo ascendente y que alerta a los pobladores para que corran a sus hogares a resguardarse. Los que habitan en los alrededores dicen que si este silbido se oye a lo lejos es que se la parición encuentra cerca, en cambio si se oye cerca es que se encuentra lejos. También se cuenta que esta alma maldita mide más de seis metros de altura.

El león y la zorra

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Un león, que fue en otro tiempo poderoso, imponente y rey de todo cuanto había a su alrededor, hasta más allá de la tierra que sus ojos alcanzaban a ver. Se encontraba ya viejo y achacoso, a paso lento y cansado, en vano perseguía hambriento y fiero al becerrillo y al cordero, que, trepando por la áspera montaña, huían libremente de su saña.

Afligido del hambre a par de muerte, encontró el remedio perfecto para escaparse de su suerte:

Hace correr la voz de que se hallaba muy enfermo en su palacio, que la muerte sentía su lado y deseaba ser de los animales visitado. Acudieron algunos al llamado, al ver como su rey en cama estaba tirado, pero el grave mal que le postraba era un hambre voraz, tan sólo esperaba la visita para poderlos devorar. Uno a uno, los animales fueron cayendo en sus garras afiladas, saciando el hambre que traía atrasada. No tenía mas necesidad de cazar, pues la comida le llegaba directo a su hogar. Sigue leyendo

El genio de la lámpara maravillosa

El genio de la lámpara maravillosaA lo largo de más de nueve centurias, el genio y su lámpara habían servido a muchísimos amos.

Las restricciones de su trabajo eran muy simples. Solamente le estaba permitido conceder tres deseos a una misma persona. La lámpara no podía ser pasada de generación en generación, sino que debía ser enterrada a las afueras del templo Hao para que otra persona la encontrase.

Los sábados por la noche, le gustaba sentarse con su amigo “el padre tiempo” a platicar hasta que las estrellas daban paso al sol

- Es un trabajo interesante no lo niego, aunque después de todo este tiempo, puedo decir que lo he visto casi todo.

Los humanos se limitan a pedir los mismos deseos: Quiero ser inmortal o Quiero que me hagas el hombre más rico del mundo. El problema viene cuando les tengo que explicar las razones por las cuales no puedo concederles sus demandas.

En primer lugar, ningún ser humano puede vivir para siempre, y no es porque yo no quiera sino que simple y sencillamente su cuerpo no resistiría más de 150 años. Además, muy pocos se ponen a pensar que al hacerlos inmortales, los estaría condenando a un sufrimiento impensable.

- ¿Por qué dices eso genio?

- Sí, porque poco a poco verían desaparecer a las personas que han amado, sin poder hacer nada por evitar eso.

- Tienes toda la razón amigo, a pesar de que controlo el tiempo, no me había puesto a pensar en todos los inconvenientes que tiene el ser inmortal. De hecho, jamás creí que un personaje como tú que aparece en tantos y tantos cuentos cortos infantiles, tuviese esa profundidad de análisis.

-Yo lo que les digo es que traten de pedir un deseo que beneficie a los demás, pues al dar amor y buenaventura a tu prójimo, tu buena fortuna está asegurada.

- ¡Recórcholis, ya va a amanecer! Debo irme a cambiar el reloj de arena.

- Sí, yo debo de regresar a mi lámpara. Hasta el próximo sábado amigo.

Arena y piedra

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Por el ardiente desierto del Sahara, llevando una pesada carga sobre los hombros, iban caminando dos amigos, Farouk y Ramsés. Habían perdido a sus camellos varios días antes y estaban agotados por la enorme distancia que habían recorrido a pie. Llevaban casi una semana sin probar alimento y el agua se les terminaba bajo el inclemente rayo del sol. Las piernas les dolían de tanto caminar y tenían quemada la piel del rostro y los brazos.

Aunque entre los dos habían elegido esa ruta, Farouk le reclamó a Ramsés haber escogido un camino largo y desconocido. Su furia iba en aumento: gritaba, manoteaba, le dijo un insulto y otro. Incluso llegó a darle una bofetada. Ramsés se quedó callado y la nariz le sangró un poco, pero no respondió a la agresión. Con mirada profunda de tristeza se sentó y escribió sobre la arena con su dedo índice: “Hoy mi mejor amigo me pegó en la cara”. A Farouk le sorprendió este hecho, pero no le preguntó nada.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bajarse. Ramsés comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomo un estilete y escribió en una piedra: “Hoy mi mejor amigo me salvó la vida”. Intrigado el amigo preguntó:

-¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?-

Sonriendo, el otro amigo respondió:

-Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir donde el viento del olvido y el perdón se encargaran de borrarlo y apagarlo, por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde ningún viento en todo el mundo podrá borrarlo-.

Leyenda árabe.