Piel de Oso


Mientras un joven soldado atravesaba el bosque, le salió al paso un mago.

—Si guardas valentía en tu corazón, dispara contra el oso que está a tu espalda—. El joven hizo lo que le pedía; entonces la piel del oso cayó al suelo y el animal fue a refugiarse entre los árboles.

—Si llevas esa piel durante tres años seguidos —agregó el mago— te daré una bolsa que siempre estará llena de oro. ¿Qué decides?. Sigue leyendo

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Historias del sol

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-¡Ahora voy a contar yo! -dijo el Viento.

-No, perdone -replicó la Lluvia-. Bastante tiempo ha pasado usted en la esquina de la calle, aullando con todas sus fuerzas.

-¿Éstas son las gracias -protestó el Viento- que me da por haber vuelto en su obsequio varios paraguas, y aún haberlos roto, cuando la gente nada quería con usted?

-Tengamos la fiesta en paz -intervino el Sol-. Contaré yo.

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El león y la zorra

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Un león, que fue en otro tiempo poderoso, imponente y rey de todo cuanto había a su alrededor, hasta más allá de la tierra que sus ojos alcanzaban a ver. Se encontraba ya viejo y achacoso, a paso lento y cansado, en vano perseguía hambriento y fiero al becerrillo y al cordero, que, trepando por la áspera montaña, huían libremente de su saña.

Afligido del hambre a par de muerte, encontró el remedio perfecto para escaparse de su suerte:

Hace correr la voz de que se hallaba muy enfermo en su palacio, que la muerte sentía su lado y deseaba ser de los animales visitado. Acudieron algunos al llamado, al ver como su rey en cama estaba tirado, pero el grave mal que le postraba era un hambre voraz, tan sólo esperaba la visita para poderlos devorar. Uno a uno, los animales fueron cayendo en sus garras afiladas, saciando el hambre que traía atrasada. No tenía mas necesidad de cazar, pues la comida le llegaba directo a su hogar. Sigue leyendo

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Arena y piedra

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Por el ardiente desierto del Sahara, llevando una pesada carga sobre los hombros, iban caminando dos amigos, Farouk y Ramsés. Habían perdido a sus camellos varios días antes y estaban agotados por la enorme distancia que habían recorrido a pie. Llevaban casi una semana sin probar alimento y el agua se les terminaba bajo el inclemente rayo del sol. Las piernas les dolían de tanto caminar y tenían quemada la piel del rostro y los brazos.

Aunque entre los dos habían elegido esa ruta, Farouk le reclamó a Ramsés haber escogido un camino largo y desconocido. Su furia iba en aumento: gritaba, manoteaba, le dijo un insulto y otro. Incluso llegó a darle una bofetada. Ramsés se quedó callado y la nariz le sangró un poco, pero no respondió a la agresión. Con mirada profunda de tristeza se sentó y escribió sobre la arena con su dedo índice: “Hoy mi mejor amigo me pegó en la cara”. A Farouk le sorprendió este hecho, pero no le preguntó nada.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bajarse. Ramsés comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomo un estilete y escribió en una piedra: “Hoy mi mejor amigo me salvó la vida”. Intrigado el amigo preguntó:

-¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?-

Sonriendo, el otro amigo respondió:

-Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir donde el viento del olvido y el perdón se encargaran de borrarlo y apagarlo, por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde ningún viento en todo el mundo podrá borrarlo-.

Leyenda árabe.

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Cinco en una vaina


Cinco guisantes estaban encerrados en una vaina, y como ellos eran verdes y la vaina era verde también, creían que el mundo entero era verde. Creció la vaina y crecieron los guisantes. Fueron transcurriendo las semanas; los guisantes se volvieron amarillos, y la vaina, también. Así creyeron que el mundo se había vuelto amarillo.

Un día la vaina fue arrancada por un chiquillo, y metiendo uno a uno en su cerbatana, envió el primero a volar por el mundo. El segundo se fue directo al Sol. Los dos siguientes fueron lanzados lejos y el último fue a dar bajo la ventana de la casa de una pobre mujer dedicada a limpiar estufas, y otros trabajos pesados. En esa habitación estaba su única hija, que llevaba un año en cama, luchando entre la vida y la muerte. Sigue leyendo

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El Ciervo Engreído

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Hubo una vez, hace mucho tiempo… un ciervo muy engreído.

Caminaba tranquilamente por el bosque, y se detuvo para beber en un arroyo, al ver su reflejo en el agua: -¡Qué hermoso soy!- se decía -¡No hay nadie en el bosque con unos cuernos tan bellos!-, agregaba para satisfacer su vanidad.

Como todos los ciervos, tenía las piernas largas y ligeras, pero adoraba tanto la majestuosidad de su cornamenta, que solía decir que preferiría romperse una pierna antes de privarse de un solo vástago de su magnífica cornamenta. Pero el pobre ciervo, no podría estar más equivocado. Sigue leyendo

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El castillo de los olores

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En una casa en el bosque vivía una familia con tres hijos. Dos varones y una niña, que era la mayor, además egoísta y caprichosa, tan sólo pensaba en sí misma. Un día la atacó una enfermedad que los doctores no pudieron curar.

Un día un viejo leñador les dijo que el egoísmo había enfermado a la niña. Y el remedio se encontraba en el castillo de los olores. Pues ahí se guardaban los aromas más bellos del mundo, y cada uno representaba a una cualidad humana: la bondad, el amor, la generosidad y la humildad. Debían traerlos en cuatro tarros de cristal. Sigue leyendo

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La blanca gaviota y el travieso sol

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Erase una bella gaviota que seguía al Sol al salir por el Oriente para alejarse de casa y volvía siguiéndolo también, al ponerse por el Occidente. Pero el Sol le jugó una broma y no se puso por el Occidente, sino por el Sur. La pobre gaviota se perdió entre las montañas.

Ahí se topó con una ardilla, quien le recomendó acudir con Don Juan Lechuza en el árbol más grande del bosque. Así la gaviota subió volando a lo más alto y ascendió al pico del árbol que se veía más, pero el señor sabio Don Juan Lechuza, no respondía a sus llamados. Entonces un pájaro carpintero le dijo: -Este árbol parece el más alto, porque está ubicado en una loma. El árbol más alto es el más viejo y duro, yo puedo decirte que el más duro es el Sr. Roble, que está en la base de la montaña, pegado a la ladera del río- Sigue leyendo

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El Granjero Bondadoso

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Había una vez hace mucho tiempo en un país azotado por la guerra, un anciano Rey, el cual fue sacado por sus fieles del castillo a escondidas, teniendo que huir a pie y sin escolta para no levantar sospechas. Caminó y caminó por días, hasta que sus pies no podían dar un paso más, se encontraba cansado y hambriento, pero a los lejos alcanzaba a ver una granja solitaria, lastimosamente estaba en el país enemigo.

Pero su avanzada edad le impedía continuar hasta las afueras de ese lugar, por lo que no tuvo más remedio que solicitar en esa granja asilo. Lucia andrajoso y sucio por la larga travesía y aun así el granjero le brindó todo lo que necesitaba con buenas maneras. Compartió con él su humilde cena, y después le proporcionó un baño y ropa limpia, además de una confortable habitación para pasar la noche. Sigue leyendo

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El Reino de Cristal

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Hace mucho tiempo, en un lejano reino, vivía una Bruja fingiendo ser algo más. Fue desterrada por el Rey al saber la verdad y ella para vengarse convirtió su reino en cristal esperando que el viento se encargara de destruirlo al soplar. Pero el Hada de la Bondad, que solía volar por esos rumbos, intervino, metiendo todo en una pequeña esfera también de cristal, llevándola después a un reino aun más lejano, como regalo para un Príncipe recién llegado al mundo.

Los años pasaron y la Bruja dejó de buscarlo, estaba muy bien guardado en la habitación del Príncipe que ahora era un niño inquieto. Había pasado toda su vida viendo aquel pequeño reino, observando cada detalle, notó lo que nadie, y es que una tenue luz carmesí salía por la ventana de la torre más lejana en el diminuto Castillo. Sigue leyendo

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