Piel de asno


Érase una vez… un Rey que tratando de cumplir la promesa hecha a su Reina en el lecho de muerte, de casarse solamente con alguien mejor a ella, puso los ojos es su propia hija.

Después de que el Rey superara la pruebas que la joven puso como impedimento. Su Madrina, el Hada de las Lilas, la vistió con una piel de asno, y escaparon del Palacio. Llegó a una granja; donde fue tomada como sirvienta y enviada a un gallinero en lo profundo del callejón. Era ahí donde oculta de todos se vestía con sus ropas de Princesa, así la vio un día el Príncipe haciendo una inspección de sus propiedades, y se enamoró perdidamente de ella. Aunque sufrió desconcierto cuando sus servidores le dijeron que ahí solo vivía Piel de Asno, una sirvienta renegrida y repugnante.

Al volver a su castillo cayó enfermo y para curarse pidió a su madre que Piel de Asno le hiciera una torta, atendiendo aquella orden la chica se encerró, y vestida como toda una princesa preparó la torta tan apetecida. Mientras trabajaba, un anillo cayó dentro de la masa y se mezcló a ella. El Príncipe devoró la torta y encontró la fina joya.

Pasados los días la fiebre volvió. Los médicos, declararon a la Reina que el Príncipe estaba enfermo de amor. Así fueron los monarcas ante él diciendo que le darían a quien quisiera, aunque fuese la más vil de las esclavas.

El Príncipe les mostró entonces el anillo, diciendo que se casaría con aquella a quien le quedara.

Acudieron así las mujeres de la corte, después modistas y camareras, pero no había resultados. Hizo entonces el Príncipe llamar a la servidumbre, pero nadie tenía un dedo tan delicado.

Entre burlas y risas trajeron a Piel de Asno por órdenes del Príncipe. La Princesa se había vestido ya, sabiendo que todo el alboroto era causado por su anillo. Tan pronto como oyó que golpeaban a su puerta, se cubrió rápidamente con su piel de asno. Luego, en medio de estruendosas risotadas, la condujeron ante el Príncipe que ahora temía haberse equivocado.

Todos los miembros de la corte quedaron sorprendidos cuando de aquella piel negra y sucia, se alzó una mano delicada, el anillo entró sin esfuerzo; y, mediante un leve movimiento cayó la piel, el techo del salón se abrió, y el Hada de las Lilas, contó, la historia de la Princesa.

El matrimonio se organizó, vinieron Reyes de todos los países; pero el más imponente fue el Padre de la Princesa quien, felizmente había olvidado su amor descarriado y había contraído nupcias con una viuda muy hermosa que no le había dado hijos.

Los jóvenes esposos, sólo tenían ojos para ellos mismos. Y el Rey, hizo coronar a su hijo ese mismo día. Las fiestas de esta ilustre boda duraron cerca de tres meses y el amor de los dos esposos por siempre…

Charles Perrault

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