Archivo de la categoría: Cuentos infantiles

Cuento del ratón de los dientes

Cuento del ratón de los dientes

El ratón de los dientes es un personaje que se caracteriza por dejar una moneda (o varias dependiendo de la situación) a cambio de una pieza dental de leche. Los niños deben dejar su diente bajo la almohada para cerrar el trato. Ojo, esta premisa no se trata de ningún cuento infantil, sino de algo que de verdad sucede.

Por cierto, vale la pena destacar que no cuenta cuando el niño intencionalmente provoca la caída de sus piezas dentales. Ahora sí, vayamos al cuento infantil que les tengo preparado.

Había una vez un pequeño ratoncito de nombre Pelusa quien estaba ansioso de ingresar a la compañía de RAT Inc. cuyas siglas quieren decir Roedores Autorizados Tomadientes. Dado el gran aumento de la población, el ratón de los dientes se vio en la necesidad de formar una empresa trasnacional que le permitiera asignar a un sucesor por país.

Pelusa fue el alumno que obtuvo la mayor puntuación en las prácticas de ingreso. Por ello, creía que pronto recibiría la llamada para unirse al equipo, cosa que sucedió a los pocos meses de haber salido de la Universidad.

– Ratón Pelusa tiene que presentarse mañana a las 10:00 a.m. en el cuadrante 895 de la calle Roquefort. El motivo de la cita es que el gerente de personal quiere hacerle una entrevista, con el fin de poder conversar con usted acerca de sus pretensiones salariales. Dijo la voz que se encontraba del otro lado de la línea.

– ¿Quiere decir que ya fui aceptado?

– Afirmativo. Usted ya es parte de RAT Inc. solamente faltan ultimar algunos detalles.

Pelusa llegó puntual y al terminar la entrevista, le fue entregada una lista en donde se detallaban los domicilios de los niños a los que tenía que visitar.

Su primer mes fue un calvario, tuvo varios reportes puesto que no llegaba a tiempo a las casas de los infantes. Aunque a medida que fueron transcurriendo los días, Pelusa se asentó y actualmente es subdirector del área de América del Sur.

La reflexión que nos deja este pequeño cuento es que nunca hay que dejar de luchar, pues esa es la única manera de materializar los logros que tengamos en mente.

El día y la noche

El día y la noche

Los viernes, la maestra Lety de preescolar al dar las 10 de la mañana, sacaba una libreta grande forrada de color de rosa con el título leyendas mexicanas cortas para niños. Mis compañeros y yo sabíamos lo que eso quería decir.

Era el momento de escuchar una crónica antigua de la época prehispánica. En una ocasión la profesora nos contó acerca del origen de los símbolos del día y la noche. Obviamente me refiero a la creación de la luna y el sol solamente que vista desde la óptica mesoamericana.

El lugar donde se historia comienza es nada más y nada menos que la ciudad de Teotihuacán, ubicada aproximadamente a 50 km de distancia de la Ciudad de México.

Por otra parte, vale la pena recordar que uno de los muchos significados que los historiadores le han dado a esta demarcación es la de “Lugar donde los hombres se conviertan en dioses”, frase que lo define a las 1000 maravillas.

Resulta y sucede que un día los dioses de Teotihuacán que habitaban en el cielo, se percataron de que hacía falta una luz que iluminara a las personas que vivían en el plano terrenal.

Con el tiempo se les ocurrió elaborar una gigantesca fogata en donde alguno de los guerreros se tendría que arrojar de manera voluntaria para que así se formara lo que a la postre se llamaría simplemente “Sol”.

Para esta convocatoria, únicamente hubo dos candidatos. Ambos eran diametralmente distintos entre sí. Uno era alto, fuerte, robusto en tanto que el otro era enclenque, enfermizo y bajo de estatura.

No obstante, al momento de tener que arrojarse a las llamas y ser abrazado por ese infernal calor, el primero de los dos contendientes sintió mucho miedo y se alejó de ahí. Entonces el pequeño guerrero, sin pensarlo mucho, se arrojó y a los pocos minutos quedó transformado en un imponente sol.

Después de observar eso, el otro guerrero siguió los pasos de su compañero, pues no quería ser visto por la concurrencia como un cobarde. A pesar de eso, los dioses decidieron que ya era suficiente con un “astro rey”, por lo que apagaron la luz de éste, convirtiéndolo en la “Luna”.

Historias del sol

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-¡Ahora voy a contar yo! -dijo el Viento.

-No, perdone -replicó la Lluvia-. Bastante tiempo ha pasado usted en la esquina de la calle, aullando con todas sus fuerzas.

-¿Éstas son las gracias -protestó el Viento- que me da por haber vuelto en su obsequio varios paraguas, y aún haberlos roto, cuando la gente nada quería con usted?

-Tengamos la fiesta en paz -intervino el Sol-. Contaré yo.

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El genio de la lámpara maravillosa

El genio de la lámpara maravillosaA lo largo de más de nueve centurias, el genio y su lámpara habían servido a muchísimos amos.

Las restricciones de su trabajo eran muy simples. Solamente le estaba permitido conceder tres deseos a una misma persona. La lámpara no podía ser pasada de generación en generación, sino que debía ser enterrada a las afueras del templo Hao para que otra persona la encontrase.

Los sábados por la noche, le gustaba sentarse con su amigo “el padre tiempo” a platicar hasta que las estrellas daban paso al sol

– Es un trabajo interesante no lo niego, aunque después de todo este tiempo, puedo decir que lo he visto casi todo.

Los humanos se limitan a pedir los mismos deseos: Quiero ser inmortal o Quiero que me hagas el hombre más rico del mundo. El problema viene cuando les tengo que explicar las razones por las cuales no puedo concederles sus demandas.

En primer lugar, ningún ser humano puede vivir para siempre, y no es porque yo no quiera sino que simple y sencillamente su cuerpo no resistiría más de 150 años. Además, muy pocos se ponen a pensar que al hacerlos inmortales, los estaría condenando a un sufrimiento impensable.

– ¿Por qué dices eso genio?

– Sí, porque poco a poco verían desaparecer a las personas que han amado, sin poder hacer nada por evitar eso.

– Tienes toda la razón amigo, a pesar de que controlo el tiempo, no me había puesto a pensar en todos los inconvenientes que tiene el ser inmortal. De hecho, jamás creí que un personaje como tú que aparece en tantos y tantos cuentos cortos infantiles, tuviese esa profundidad de análisis.

-Yo lo que les digo es que traten de pedir un deseo que beneficie a los demás, pues al dar amor y buenaventura a tu prójimo, tu buena fortuna está asegurada.

– ¡Recórcholis, ya va a amanecer! Debo irme a cambiar el reloj de arena.

– Sí, yo debo de regresar a mi lámpara. Hasta el próximo sábado amigo.

Cinco en una vaina


Cinco guisantes estaban encerrados en una vaina, y como ellos eran verdes y la vaina era verde también, creían que el mundo entero era verde. Creció la vaina y crecieron los guisantes. Fueron transcurriendo las semanas; los guisantes se volvieron amarillos, y la vaina, también. Así creyeron que el mundo se había vuelto amarillo.

Un día la vaina fue arrancada por un chiquillo, y metiendo uno a uno en su cerbatana, envió el primero a volar por el mundo. El segundo se fue directo al Sol. Los dos siguientes fueron lanzados lejos y el último fue a dar bajo la ventana de la casa de una pobre mujer dedicada a limpiar estufas, y otros trabajos pesados. En esa habitación estaba su única hija, que llevaba un año en cama, luchando entre la vida y la muerte. Sigue leyendo

El castillo de los olores

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En una casa en el bosque vivía una familia con tres hijos. Dos varones y una niña, que era la mayor, además egoísta y caprichosa, tan sólo pensaba en sí misma. Un día la atacó una enfermedad que los doctores no pudieron curar.

Un día un viejo leñador les dijo que el egoísmo había enfermado a la niña. Y el remedio se encontraba en el castillo de los olores. Pues ahí se guardaban los aromas más bellos del mundo, y cada uno representaba a una cualidad humana: la bondad, el amor, la generosidad y la humildad. Debían traerlos en cuatro tarros de cristal. Sigue leyendo

Rapunzel

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Había una vez un hombre que tomó unas manzanas del jardín de la Bruja. Pero ella lo descubrió. El hombre explicó que tuvo que hacerlo para salvar la vida a su esposa embarazada. Entonces la Bruja lo dejó llevarse las manzanas a cambio del hijo que su esposa esperaba. El hombre estaba tan aterrorizado que aceptó. Cuando su esposa dio a luz una pequeña niña, la Bruja se la llevó. Al cumplir doce años, la Bruja la encerró en una torre que no tenía escaleras ni puertas, sólo una pequeña ventana en lo alto. Cada vez que la Bruja quería subir, se paraba bajo la ventana y gritaba: -¡Rapunzel, lanza tu trenza!-. El cabello de la joven llegaba hasta el piso. Entonces la Bruja trepaba por la trenza y se subía hasta la ventana. Sigue leyendo

Ricitos de oro

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Paseando por el bosque Ricitos de Oro encuentra una casita abierta y entra. Vio frente a ella una mesa, con tres tazones con leche y miel. Uno, grande; otro, mediano; y otro, pequeñito. Ricitos de Oro tenía hambre y probó, el tazón grande y mediano estaban calientes. Después probó del tazón pequeñito y le supo tan rica que se la tomó toda.

Había también tres sillas azules. Fue a sentarse: la silla grande era muy alta, la mediana era muy ancha y en la silla pequeña, se dejó caer con tanta fuerza que la rompió. Sigue leyendo

La Ratita Presumida

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Erase una vez, una ratita que era muy presumida. Un día la ratita barriendo su casita, se encontró una moneda de oro en el suelo. Después de recogerla, se puso a pensar qué se compraría con ella.

-Compraré caramelos- dijo, -¡Uy no! que me dolerán los dientes-

-Pues me compraré pasteles-, -¡Uy no! que me dolerá la barriguita-

-¡Ya lo sé!, me compraré un lacito de color rojo para mi rabito- Sigue leyendo

La Bella Durmiente

cuentos infantiles bella durmienteErase una vez… una reina que dio a luz una niña muy hermosa. Al bautismo invitó a todas las hadas excepto la más malvada. Igualmente ella se presentó en el castillo y, al pasar por delante de la cuna de la pequeña, dijo despechada: -¡A los dieciséis años te pincharás con un huso y morirás!. Pero un hada buena oyó el maleficio, y pronunció un encantamiento para que en vez de morir, durmiera durante cien años y solo el beso de un joven príncipe la despertaría de su profundo sueño. Sigue leyendo