Archivo de la categoría: Cuentos

Rosmery ¿Muñeca?

Ahora los cuentos de terror y suspenso tienen que tener una chispa para enganchar en cuanto a trama ya que normalmente ahora no se logra tener una buena conexión entre autor/lector porque a veces es muy difícil en la prosa o la trama se desvaría entre lo que se quiere decir y dar a entender. Sin embargo Rosmery ¿Muñeca? en si ha logrado dar ese pequeño límite de diferencia para dar al lector un buen acontecimiento de la historia.

  • Sinopsis

Rosmery 5 años y vivía con sus padres los cuales le había regalado una muñeca por navidad pero ella suele alegrarse por cada pequeña cosa. Sin embargo después del regalo de navidad suceden cosas extrañas cuando ella llora.

Cuento:

Llego navidad y esto trae muchas celebraciones en familia, regalos, comida y muchas cosas más. Rosmery de 5 años estaba esperando con ansias la entrega de los regalos, pues era la única época del año donde sus padres le obsequian algo ya que normalmente ella era maltratada por todos.

En el momento en que comenzaron a repartir las cosas ella no mostraba entusiasmo ante su familia, pues correría el riesgo de que se lo quiten así que llevaba su alegría internamente. Su regalo era una muñeca. A partir de este momento ella era inseparable de su obsequio.

Un día, en la tarde, ella sale a jugar con su muñeca al parque. Al igual que otros niños ella está apartada jugando sola en el pasto pero de pronto apareció un muchacho a su lado un poco mayor que ella.

-Fuera de aquí, apártate –dijo el muchacho que con empujones saco a Rosmery

Ella se fue llorando a casa con su muñeca y como era de esperarse nadie le pregunto cuál era el problema. Al día siguiente en el momento en que todos estaban desayunando se escucharon las sirenas de ambulancia, sin darle mucha importancia a ese sonido terminaron de comer y otra vez Rosmery salió a jugar es aquí donde se enteró que el muchacho que la saco había fallecido de forma sorpresiva.

Rosmery ¿Muñeca?

Cuento de las nueces encantadas

Cuento de las nueces encantadas

Ilse e Imelda eran dos primas que esperaban ansiosamente la llegada del verano, pues en esa época era donde podían pasar más tiempo juntas, debido a que la primera vivía en la ciudad. En tanto que la segunda lo hacía en el campo.

La casa de Imelda era inmensamente grande, o al menos eso decían los que la conocieron. Tenía dos cocinas, seis baños, y 12 recámaras etcétera.

Para unas niñas que rondaban los 10 años de edad, eso era un sueño, ya que podían aprovechar cada rincón de la casa para jugar a las escondidillas. Sin embargo, la máxima diversión consistía en ir al jardín trasero y subir hasta el tejado donde regularmente había regadas cientos de nueces, provenientes del nogal ubicado en la propiedad contigua.

Era muy extraño, nadie había visto regar ese frondoso árbol. A pesar de ello, su tronco lucía fuerte y sus hojas eran verdes y grandes.

Las niñas se sentaban en la azotea y con la ayuda de una piedra, pelaban cada fruto seco hasta sacarle el último pedacito de deliciosa carne.

– ¡Están buenísimas! Dijo Ilse.

– Si, como siempre, su sabor es delicioso. ¡Qué bueno que nadie ha descubierto este escondite y así sólo tú y yo podemos disfrutar de este banquete!

Una de esas tardes, Imelda notó que algunas de las nueces eran diferentes. Su cáscara tenía un color verde y el fruto era de un tono morado profundo.

– ¿Ya viste esto? Está muy raro ¿no? Exclamó Imelda.

– A lo mejor es que esas nueces ya están echadas a perder. Contestó Ilse.

– No lo creo, si estuvieran podridas olerían feo y su aroma es exquisito. Replicó Imelda.

– Es verdad. Además yo tengo mucha hambre, voy a probar una a ver qué tal sabe. Dijo Ilse.

La niña partió la nuez y se la comió rápidamente. A los pocos minutos de haber hecho eso, su cuerpo se transformó en el de una simpática y pequeña ardilla, justo como esos que aparecen en los cuentos para chicos.

Imelda para no quedarse atrás hizo lo mismo. Pronto las dos “ardillitas” estaban jugando por entre las ramas del árbol.

El hechizo terminó cuando el sol se ocultó. Así que entraron a su casa, como si nada hubiera pasado. Ese secreto lo tenían guardado hasta ahora, que hicieron el favor de contármelo.

La gallina de los huevos de oro

cuentos huevos de oroHabía una vez un granjero muy pobre, tan pobre que ni siquiera tenía una vaca. Pasaba el día trabajando en el campo, lamentándose de su suerte y soñando con hacerse muy rico. Uno de tantos días, escuchó sus quejas un hombrecillo que pasaba.

—Buen hombre, escuché tus penas, y estoy dispuesto a ayudarte. Toma esta maravillosa gallina; todos los días pone un huevo de oro y podrás ser tan rico como quieres —dichas tales palabras, el hombrecillo se esfumó. Sigue leyendo

Piel de Oso


Mientras un joven soldado atravesaba el bosque, le salió al paso un mago.

—Si guardas valentía en tu corazón, dispara contra el oso que está a tu espalda—. El joven hizo lo que le pedía; entonces la piel del oso cayó al suelo y el animal fue a refugiarse entre los árboles.

—Si llevas esa piel durante tres años seguidos —agregó el mago— te daré una bolsa que siempre estará llena de oro. ¿Qué decides?. Sigue leyendo

Historias del sol

cuentos historias del sol

-¡Ahora voy a contar yo! -dijo el Viento.

-No, perdone -replicó la Lluvia-. Bastante tiempo ha pasado usted en la esquina de la calle, aullando con todas sus fuerzas.

-¿Éstas son las gracias -protestó el Viento- que me da por haber vuelto en su obsequio varios paraguas, y aún haberlos roto, cuando la gente nada quería con usted?

-Tengamos la fiesta en paz -intervino el Sol-. Contaré yo.

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El Silbón

El SilbónProveniente de los llanos venezolanos, El silbón -según dice el cuento- es la historia de un hombre muy alto que mata succionándoles el ombligo a los hombres borrachos que andan solos por el monte -sobre todo en los meses de lluvia- para absorberles todo el licor que han ingerido, dejando así el cuerpo completamente cadavérico. Y en caso de los hombres mujeriegos, los despedaza y colecciona sus huesos en una bolsa que lleva en la espalda.

Según relata el cuento de terror,Elsilbón era un joven leñador que mató y destripó a su padre después que este mató a su esposa por ser una mujer infiel. Luego cuando la madre y el abuelo se enteraron de lo que había hecho con su padre, lo mandaron a buscar y el abuelo lo ató a un árbol para azotarlo ferozmente y luego le lavó las heridas con agua caliente. Después de esto, le entregó una bolsa en la cual se encontraban los restos de su padre y le soltó los perros de la finca, los cuales le persiguieron hiriéndolo aún más. Todo esto ocurrió ante la vista de la adolorida madre, la cual ya casi sin aliento le maldijo por haber matado a su padre haciéndolo vagar por la tierra con los huesos de su padre a cuestas para que así nunca olvidase el acto que había cometido.

Según cuentan los habitantes de los llanos, este espanto posee un silbido muy particular, el cual va de modo ascendente y que alerta a los pobladores para que corran a sus hogares a resguardarse. Los que habitan en los alrededores dicen que si este silbido se oye a lo lejos es que se la parición encuentra cerca, en cambio si se oye cerca es que se encuentra lejos. También se cuenta que esta alma maldita mide más de seis metros de altura.

El león y la zorra

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Un león, que fue en otro tiempo poderoso, imponente y rey de todo cuanto había a su alrededor, hasta más allá de la tierra que sus ojos alcanzaban a ver. Se encontraba ya viejo y achacoso, a paso lento y cansado, en vano perseguía hambriento y fiero al becerrillo y al cordero, que, trepando por la áspera montaña, huían libremente de su saña.

Afligido del hambre a par de muerte, encontró el remedio perfecto para escaparse de su suerte:

Hace correr la voz de que se hallaba muy enfermo en su palacio, que la muerte sentía su lado y deseaba ser de los animales visitado. Acudieron algunos al llamado, al ver como su rey en cama estaba tirado, pero el grave mal que le postraba era un hambre voraz, tan sólo esperaba la visita para poderlos devorar. Uno a uno, los animales fueron cayendo en sus garras afiladas, saciando el hambre que traía atrasada. No tenía mas necesidad de cazar, pues la comida le llegaba directo a su hogar. Sigue leyendo

Arena y piedra

cuentos arena y piedra

Por el ardiente desierto del Sahara, llevando una pesada carga sobre los hombros, iban caminando dos amigos, Farouk y Ramsés. Habían perdido a sus camellos varios días antes y estaban agotados por la enorme distancia que habían recorrido a pie. Llevaban casi una semana sin probar alimento y el agua se les terminaba bajo el inclemente rayo del sol. Las piernas les dolían de tanto caminar y tenían quemada la piel del rostro y los brazos.

Aunque entre los dos habían elegido esa ruta, Farouk le reclamó a Ramsés haber escogido un camino largo y desconocido. Su furia iba en aumento: gritaba, manoteaba, le dijo un insulto y otro. Incluso llegó a darle una bofetada. Ramsés se quedó callado y la nariz le sangró un poco, pero no respondió a la agresión. Con mirada profunda de tristeza se sentó y escribió sobre la arena con su dedo índice: “Hoy mi mejor amigo me pegó en la cara”. A Farouk le sorprendió este hecho, pero no le preguntó nada.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bajarse. Ramsés comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomo un estilete y escribió en una piedra: “Hoy mi mejor amigo me salvó la vida”. Intrigado el amigo preguntó:

-¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?-

Sonriendo, el otro amigo respondió:

-Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir donde el viento del olvido y el perdón se encargaran de borrarlo y apagarlo, por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde ningún viento en todo el mundo podrá borrarlo-.

Leyenda árabe.

Cinco en una vaina


Cinco guisantes estaban encerrados en una vaina, y como ellos eran verdes y la vaina era verde también, creían que el mundo entero era verde. Creció la vaina y crecieron los guisantes. Fueron transcurriendo las semanas; los guisantes se volvieron amarillos, y la vaina, también. Así creyeron que el mundo se había vuelto amarillo.

Un día la vaina fue arrancada por un chiquillo, y metiendo uno a uno en su cerbatana, envió el primero a volar por el mundo. El segundo se fue directo al Sol. Los dos siguientes fueron lanzados lejos y el último fue a dar bajo la ventana de la casa de una pobre mujer dedicada a limpiar estufas, y otros trabajos pesados. En esa habitación estaba su única hija, que llevaba un año en cama, luchando entre la vida y la muerte. Sigue leyendo

El Ciervo Engreído

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Hubo una vez, hace mucho tiempo… un ciervo muy engreído.

Caminaba tranquilamente por el bosque, y se detuvo para beber en un arroyo, al ver su reflejo en el agua: -¡Qué hermoso soy!- se decía -¡No hay nadie en el bosque con unos cuernos tan bellos!-, agregaba para satisfacer su vanidad.

Como todos los ciervos, tenía las piernas largas y ligeras, pero adoraba tanto la majestuosidad de su cornamenta, que solía decir que preferiría romperse una pierna antes de privarse de un solo vástago de su magnífica cornamenta. Pero el pobre ciervo, no podría estar más equivocado. Sigue leyendo