El genio de la lámpara maravillosa

El genio de la lámpara maravillosaA lo largo de más de nueve centurias, el genio y su lámpara habían servido a muchísimos amos.

Las restricciones de su trabajo eran muy simples. Solamente le estaba permitido conceder tres deseos a una misma persona. La lámpara no podía ser pasada de generación en generación, sino que debía ser enterrada a las afueras del templo Hao para que otra persona la encontrase.

Los sábados por la noche, le gustaba sentarse con su amigo «el padre tiempo» a platicar hasta que las estrellas daban paso al sol

– Es un trabajo interesante no lo niego, aunque después de todo este tiempo, puedo decir que lo he visto casi todo.

Los humanos se limitan a pedir los mismos deseos: Quiero ser inmortal o Quiero que me hagas el hombre más rico del mundo. El problema viene cuando les tengo que explicar las razones por las cuales no puedo concederles sus demandas.

En primer lugar, ningún ser humano puede vivir para siempre, y no es porque yo no quiera sino que simple y sencillamente su cuerpo no resistiría más de 150 años. Además, muy pocos se ponen a pensar que al hacerlos inmortales, los estaría condenando a un sufrimiento impensable.

– ¿Por qué dices eso genio?

– Sí, porque poco a poco verían desaparecer a las personas que han amado, sin poder hacer nada por evitar eso.

– Tienes toda la razón amigo, a pesar de que controlo el tiempo, no me había puesto a pensar en todos los inconvenientes que tiene el ser inmortal. De hecho, jamás creí que un personaje como tú que aparece en tantos y tantos cuentos cortos infantiles, tuviese esa profundidad de análisis.

-Yo lo que les digo es que traten de pedir un deseo que beneficie a los demás, pues al dar amor y buenaventura a tu prójimo, tu buena fortuna está asegurada.

– ¡Recórcholis, ya va a amanecer! Debo irme a cambiar el reloj de arena.

– Sí, yo debo de regresar a mi lámpara. Hasta el próximo sábado amigo.

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