El pegaso de Vacaras

El pegaso de VacarasSon pocas las leyendas cortas españolas que guardan alguna relación con la mitología griega. De acuerdo con narraciones antiguas andaluzas, se sabe que en la zona en donde se encuentra el Pico Veleta (cabe mencionar que esta es la cuarta formación montañosa más grande de toda España), con cierta regularidad se reunían encantadores y hechiceros, los cuales practicaban rituales extraños.

Tal y como puedes imaginártelo, la gente común le temía muchísimo a esos hechiceros, lo cual ni siquiera intentaban acercarse a esa ubicación. Sin embargo, un muchachito que se dedicaba a cuidar ovejas, desafortunadamente extravió su rebaño y corrió en todas direcciones a buscarlo.

Su suerte lo condujo a una laguna que estaba muy próxima a ese lugar. Sus aguas mansas, puras y cristalinas lo dejaron atónito. Se quedó un rato observando tan bello paisaje, hasta que oyó que unos hombres se acercaban sigilosamente. Se ocultó detrás de unos árboles y se puso a ver cuál era el motivo de la plática.

Ambos individuos estaban vestidos con túnicas y el mayor de ellos traía entre sus manos un libro muy grande y de apariencia antigua. Se pararon a la orilla de la laguna y el más joven sacó de entre sus ropajes una gran red.

– Depositadla sobre el agua con cuidado y esperemos. Dijo el hombre mayor.

– Lo que usted ordene maestro. Respondió el discípulo.

No pasó mucho tiempo para que la red estuviera completamente llena. Luego de eso, fue arrastrada lentamente hasta la orilla.

El pastorcillo se tallaba una y otra vez los ojos, pues no podía creer lo que estaba viendo. Se trataba de un caballo con alas de color ébano.

– Esto no es lo que venimos a buscar. Devuélvelo ahora mismo. Gritó el hombre del libro.

Repitieron una vez más el procedimiento y de nuevo libertaron al animal, ya que era de características similares al anterior.

A pesar de sus dos anteriores fracasos, decidieron intentarlo una última vez. En esta ocasión el animal atrapado en la red era un pegaso blanco como la nieve.

El hechicero volteo a ver a su pupilo y le dijo:

– Sujétalo bien, pues lo llevaremos a casa.

Por fortuna varias personas creyeron la historia del pastor, sino fuese de ese modo, ahora no podría reseñártela.

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