El Reino de Cristal

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Hace mucho tiempo, en un lejano reino, vivía una Bruja fingiendo ser algo más. Fue desterrada por el Rey al saber la verdad y ella para vengarse convirtió su reino en cristal esperando que el viento se encargara de destruirlo al soplar. Pero el Hada de la Bondad, que solía volar por esos rumbos, intervino, metiendo todo en una pequeña esfera también de cristal, llevándola después a un reino aun más lejano, como regalo para un Príncipe recién llegado al mundo.

Los años pasaron y la Bruja dejó de buscarlo, estaba muy bien guardado en la habitación del Príncipe que ahora era un niño inquieto. Había pasado toda su vida viendo aquel pequeño reino, observando cada detalle, notó lo que nadie, y es que una tenue luz carmesí salía por la ventana de la torre más lejana en el diminuto Castillo.

Todas las noches antes de dormir miraba el que ahora era su reino, pues a él se lo había obsequiado el Hada, no lo abandonaba ni siquiera en sueños, en ellos recorría el Castillo y los Bosques, intentando llegar a cada rincón.

Cuando era mayor un día simplemente enfermó, llamaron al Hada de la Bondad y el joven le dijo que su mal era por no poder vivir en el Reino de Cristal, que no era lo mismo visitarlo en sueños, porque seguía guardándole secretos, y existían lugares que aun no podía conocer, pues siempre despertaba antes.

Le concedió entonces el Hada visitar de su Reino de Cristal un solo lugar, el más deseado. El Príncipe no lo dudo ni un instante, y escogió la torre, con un golpe de su vara el Hada lo hizo tan pequeñito y tan ligero que atravesó la esfera de cristal y se fue corriendo hasta la torre.

Encontró ahí la más bella de las figuras una hermosa joven sentada junto a la ventana, dentro de su pecho tintineaba aquella luz carmesí que el joven había visto todas las noches, sintió miedo de tocarla, pues no quería quebrarla, era digna de admirarse. Pero el tiempo se terminaba, pronto debía marcharse así que suavemente puso su mano sobre aquella brillante luz, y la sintió palpitar. Perdió entonces el miedo y abrazó a la frágil joven, pequeños pedazos de cristal caían al suelo, y el Príncipe sintió que un par de manos rodeaban su cuerpo.

¡La joven de cristal había tomado vida!, y lo abrazaba con tal intensidad, que sus latidos juntos hacían vibrar todo el reino, rompiendo los cristales, y convirtiéndolos en polvo mágico que volvía a la vida aquel maravilloso lugar.

Los Padres del Príncipe morían de preocupación porque llevaba tiempo desaparecido, pero recibieron una invitación de un lejano reino, se requería su presencia en la boda de su hijo. Asistieron entonces a presenciar el inicio de su eterna felicidad, agradeciendo al Hada por el regalo más maravilloso de todos los tiempos.

Cuento de: Iván Der


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