La media cobija

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Un día que la familia Pérez compartía su hora de comida, llamaron a la puerta, el Padre atendió el llamado, pero de inmediato volvió a la mesa, su esposa le pregunto: -¿Quién era amor?-,¡Nadie!- respondió el hombre enérgicamente y con cierto tono de enojo. La puerta sonó de nuevo y aventó el bocado al plato. Viendo esta reacción su esposa fue a abrir la puerta, se encontró con un anciano, con las ropas sucias y desgastadas, lucia muy demacrado.

La señora preguntó amablemente: -¿Qué se le ofrece señor?-,-Quiero hablar con su marido- respondió el viejecillo, el hombre tomando aire se levantó de la mesa, y le dijo al anciano –Lo que sea que usted quiera, yo no lo puedo ayudar, así que siga su camino- diciendo esto, le cerraba la puerta pero todos alcanzaron a escuchar cuando le dijo: -¡Hijo!, no le niegues la ayuda a tu padre-. La familia ya se había reunido en torno a la entrada y quedaron asombrados, la más pequeña rompió el silencio: -¿El es mi abuelo?-, como el hombre no respondía a pesar de las miradas acusadoras de su familia dejaron al anciano entrar.

De inmediato el hombre le dijo que no podía quedarse, que el lugar apenas alcanzaba para su familia, y que no esperara buenos tratos después de haberlos abandonado a su suerte cuando eran muy pequeños. Envió al mayor de sus hijos por una cobija y ofreciéndola al hombre le dijo –Es en lo único que te puedo ayudar-, el chico reaccionó disgustado y fue por unas tijeras, partió la cobija en dos y el padre molesto le dijo: -¿Pero qué haces?-,-Guardaré esta mitad, para cuando tu acudas en busca de mi ayuda-.

El hombre sintió vergüenza de sí mismo, sabiendo que había llegado el tiempo de perdonar.


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