La Ratita Presumida

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Erase una vez, una ratita que era muy presumida. Un día la ratita barriendo su casita, se encontró una moneda de oro en el suelo. Después de recogerla, se puso a pensar qué se compraría con ella.

-Compraré caramelos- dijo, -¡Uy no! que me dolerán los dientes-

-Pues me compraré pasteles-, -¡Uy no! que me dolerá la barriguita-

-¡Ya lo sé!, me compraré un lacito de color rojo para mi rabito-


Decidida, se fue al mercado y le pidió al tendero un trozo de su mejor cinta roja. Al día siguiente cuando se levantó se puso su lacito en la colita y salió al balcón de su casa.

En eso que aparece un gallo y le dice: -Ratita, tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?-

Y la ratita le respondió: -No sé, ¿tú por las noches qué ruido haces?-

-quiquiriquí-

-Ay no, contigo no me casaré que no me gusta el ruido que haces-


Se fue el gallo y apareció un perro.

-Ratita, tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?-

Y la ratita le dijo: -No sé, ¿tú por las noches qué ruido haces?-

-Guau, guau-

-Ay no, contigo no me casaré que ese ruido me asusta-

Se fue el perro y apareció un cerdo.

-Ratita, tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?-

-No sé, y tú por las noches qué ruido haces?-

-Oink, oink-

-Ay no, contigo no me casaré que ese ruido es muy ordinario-


El cerdo desaparece por donde vino y llega un gato blanco, y le dice a la ratita:

-Ratita, tú que eres tan bonita ¿te quieres casar conmigo?-

-No sé, y tú qué ruido haces por las noches?-

Y el gatito con voz suave y dulce le dice: -Miau, miau-

Ay sí contigo me casaré que tu voz es muy dulce-


Y así se casaron la ratita presumida y el gato blanco de dulce voz. Los dos juntos fueron felices y comieron perdices y colorín colorado este cuento se ha acabado.


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