Los colores de madera


Hay niños que desde el momento en que comienzan a descubrir el mundo, saben en que se quieren convertir cuando sean mayores. Afortunadamente, puedo decir que ese fue mi caso.

Quería convertirme en creador de cuentos cortos y a la vez dibujante profesional, para trabajar en una editorial de cómics famosa y así poder colaborar de cierta manera a crear las aventuras de mis superhéroes favoritos.

Sin embargo, aunque mis padres siempre me alentaron, el talento que tenía en mi interior tardó mucho tiempo en brotar. Tanto así que hubo momentos en mi adolescencia en los que pensé dedicarme a otra cosa, ya que mis dibujos parecían hechos por un niño de dos años.

Tomé varios cursos de dibujo, algunos inclusive en institutos de prestigio, otros por Internet y algunos más por correspondencia. Nadie parecía darme la técnica adecuada para perfeccionar mis trazos.

Un día mientras estaba esperando el autobús decidí sentarme en la banca, pues ese día me encontraba particularmente cansado. Sin darme cuenta, me senté sobre un objeto rectangular.

Era un estuche de colores de madera. La casa era negra y en la parte superior traía especificada cada una de las tonalidades que poseía. Jamás había visto esa marca, el logotipo se parecía a un cometa.

Saqué un pequeño bloc que traía y me puse a dibujar lo primero que se me ocurrió. En ese caso, trate de hacer una recreación de la parada de autobuses. El dibujo lo terminé en segundos, las sombras y los detalles eran casi perfectos.

Me subí al camión y en cuanto llegué a la casa de un amigo, le comenté lo que había pasado. El me miró con una cara de terrible incredulidad y me dijo que a lo mejor dichos colores eran “Mágicos”.

Realmente no sabía si eso me lo dijo en broma o en serio, pero lo cierto es que a partir de ese día mi suerte comenzó a cambiar. Mandé mis dibujos a una editorial y me aceptaron como ayudante del jefe de sección. Y en unos cuantos meses me ascendieron a dibujante.

Desgraciadamente en el traslado a mi nueva oficina, la caja de colores desapareció. Creí que todo estaba acabado, hasta que recordé las palabras que me dijo una amiga en una ocasión: “la confianza en ti mismo, es la mayor magia del mundo”.

A la fecha continuó haciendo lo que me gustan y “la magia” sigue fluyendo. Te invito a que confíes en ti mismo, no hay cima que no puedas alcanzar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *