El Silbón

El SilbónProveniente de los llanos venezolanos, El silbón -según dice el cuento- es la historia de un hombre muy alto que mata succionándoles el ombligo a los hombres borrachos que andan solos por el monte -sobre todo en los meses de lluvia- para absorberles todo el licor que han ingerido, dejando así el cuerpo completamente cadavérico. Y en caso de los hombres mujeriegos, los despedaza y colecciona sus huesos en una bolsa que lleva en la espalda.

Según relata el cuento de terror,Elsilbón era un joven leñador que mató y destripó a su padre después que este mató a su esposa por ser una mujer infiel. Luego cuando la madre y el abuelo se enteraron de lo que había hecho con su padre, lo mandaron a buscar y el abuelo lo ató a un árbol para azotarlo ferozmente y luego le lavó las heridas con agua caliente. Después de esto, le entregó una bolsa en la cual se encontraban los restos de su padre y le soltó los perros de la finca, los cuales le persiguieron hiriéndolo aún más. Todo esto ocurrió ante la vista de la adolorida madre, la cual ya casi sin aliento le maldijo por haber matado a su padre haciéndolo vagar por la tierra con los huesos de su padre a cuestas para que así nunca olvidase el acto que había cometido.

Según cuentan los habitantes de los llanos, este espanto posee un silbido muy particular, el cual va de modo ascendente y que alerta a los pobladores para que corran a sus hogares a resguardarse. Los que habitan en los alrededores dicen que si este silbido se oye a lo lejos es que se la parición encuentra cerca, en cambio si se oye cerca es que se encuentra lejos. También se cuenta que esta alma maldita mide más de seis metros de altura.

El león y la zorra

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Un león, que fue en otro tiempo poderoso, imponente y rey de todo cuanto había a su alrededor, hasta más allá de la tierra que sus ojos alcanzaban a ver. Se encontraba ya viejo y achacoso, a paso lento y cansado, en vano perseguía hambriento y fiero al becerrillo y al cordero, que, trepando por la áspera montaña, huían libremente de su saña.

Afligido del hambre a par de muerte, encontró el remedio perfecto para escaparse de su suerte:

Hace correr la voz de que se hallaba muy enfermo en su palacio, que la muerte sentía su lado y deseaba ser de los animales visitado. Acudieron algunos al llamado, al ver como su rey en cama estaba tirado, pero el grave mal que le postraba era un hambre voraz, tan sólo esperaba la visita para poderlos devorar. Uno a uno, los animales fueron cayendo en sus garras afiladas, saciando el hambre que traía atrasada. No tenía mas necesidad de cazar, pues la comida le llegaba directo a su hogar. Sigue leyendo

El genio de la lámpara maravillosa

El genio de la lámpara maravillosaA lo largo de más de nueve centurias, el genio y su lámpara habían servido a muchísimos amos.

Las restricciones de su trabajo eran muy simples. Solamente le estaba permitido conceder tres deseos a una misma persona. La lámpara no podía ser pasada de generación en generación, sino que debía ser enterrada a las afueras del templo Hao para que otra persona la encontrase.

Los sábados por la noche, le gustaba sentarse con su amigo “el padre tiempo” a platicar hasta que las estrellas daban paso al sol

– Es un trabajo interesante no lo niego, aunque después de todo este tiempo, puedo decir que lo he visto casi todo.

Los humanos se limitan a pedir los mismos deseos: Quiero ser inmortal o Quiero que me hagas el hombre más rico del mundo. El problema viene cuando les tengo que explicar las razones por las cuales no puedo concederles sus demandas.

En primer lugar, ningún ser humano puede vivir para siempre, y no es porque yo no quiera sino que simple y sencillamente su cuerpo no resistiría más de 150 años. Además, muy pocos se ponen a pensar que al hacerlos inmortales, los estaría condenando a un sufrimiento impensable.

– ¿Por qué dices eso genio?

– Sí, porque poco a poco verían desaparecer a las personas que han amado, sin poder hacer nada por evitar eso.

– Tienes toda la razón amigo, a pesar de que controlo el tiempo, no me había puesto a pensar en todos los inconvenientes que tiene el ser inmortal. De hecho, jamás creí que un personaje como tú que aparece en tantos y tantos cuentos cortos infantiles, tuviese esa profundidad de análisis.

-Yo lo que les digo es que traten de pedir un deseo que beneficie a los demás, pues al dar amor y buenaventura a tu prójimo, tu buena fortuna está asegurada.

– ¡Recórcholis, ya va a amanecer! Debo irme a cambiar el reloj de arena.

– Sí, yo debo de regresar a mi lámpara. Hasta el próximo sábado amigo.

Arena y piedra

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Por el ardiente desierto del Sahara, llevando una pesada carga sobre los hombros, iban caminando dos amigos, Farouk y Ramsés. Habían perdido a sus camellos varios días antes y estaban agotados por la enorme distancia que habían recorrido a pie. Llevaban casi una semana sin probar alimento y el agua se les terminaba bajo el inclemente rayo del sol. Las piernas les dolían de tanto caminar y tenían quemada la piel del rostro y los brazos.

Aunque entre los dos habían elegido esa ruta, Farouk le reclamó a Ramsés haber escogido un camino largo y desconocido. Su furia iba en aumento: gritaba, manoteaba, le dijo un insulto y otro. Incluso llegó a darle una bofetada. Ramsés se quedó callado y la nariz le sangró un poco, pero no respondió a la agresión. Con mirada profunda de tristeza se sentó y escribió sobre la arena con su dedo índice: “Hoy mi mejor amigo me pegó en la cara”. A Farouk le sorprendió este hecho, pero no le preguntó nada.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bajarse. Ramsés comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomo un estilete y escribió en una piedra: “Hoy mi mejor amigo me salvó la vida”. Intrigado el amigo preguntó:

-¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?-

Sonriendo, el otro amigo respondió:

-Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir donde el viento del olvido y el perdón se encargaran de borrarlo y apagarlo, por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde ningún viento en todo el mundo podrá borrarlo-.

Leyenda árabe.

Cinco en una vaina


Cinco guisantes estaban encerrados en una vaina, y como ellos eran verdes y la vaina era verde también, creían que el mundo entero era verde. Creció la vaina y crecieron los guisantes. Fueron transcurriendo las semanas; los guisantes se volvieron amarillos, y la vaina, también. Así creyeron que el mundo se había vuelto amarillo.

Un día la vaina fue arrancada por un chiquillo, y metiendo uno a uno en su cerbatana, envió el primero a volar por el mundo. El segundo se fue directo al Sol. Los dos siguientes fueron lanzados lejos y el último fue a dar bajo la ventana de la casa de una pobre mujer dedicada a limpiar estufas, y otros trabajos pesados. En esa habitación estaba su única hija, que llevaba un año en cama, luchando entre la vida y la muerte. Sigue leyendo

El Ciervo Engreído

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Hubo una vez, hace mucho tiempo… un ciervo muy engreído.

Caminaba tranquilamente por el bosque, y se detuvo para beber en un arroyo, al ver su reflejo en el agua: -¡Qué hermoso soy!- se decía -¡No hay nadie en el bosque con unos cuernos tan bellos!-, agregaba para satisfacer su vanidad.

Como todos los ciervos, tenía las piernas largas y ligeras, pero adoraba tanto la majestuosidad de su cornamenta, que solía decir que preferiría romperse una pierna antes de privarse de un solo vástago de su magnífica cornamenta. Pero el pobre ciervo, no podría estar más equivocado. Sigue leyendo

El castillo de los olores

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En una casa en el bosque vivía una familia con tres hijos. Dos varones y una niña, que era la mayor, además egoísta y caprichosa, tan sólo pensaba en sí misma. Un día la atacó una enfermedad que los doctores no pudieron curar.

Un día un viejo leñador les dijo que el egoísmo había enfermado a la niña. Y el remedio se encontraba en el castillo de los olores. Pues ahí se guardaban los aromas más bellos del mundo, y cada uno representaba a una cualidad humana: la bondad, el amor, la generosidad y la humildad. Debían traerlos en cuatro tarros de cristal. Sigue leyendo

La blanca gaviota y el travieso sol

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Erase una bella gaviota que seguía al Sol al salir por el Oriente para alejarse de casa y volvía siguiéndolo también, al ponerse por el Occidente. Pero el Sol le jugó una broma y no se puso por el Occidente, sino por el Sur. La pobre gaviota se perdió entre las montañas.

Ahí se topó con una ardilla, quien le recomendó acudir con Don Juan Lechuza en el árbol más grande del bosque. Así la gaviota subió volando a lo más alto y ascendió al pico del árbol que se veía más, pero el señor sabio Don Juan Lechuza, no respondía a sus llamados. Entonces un pájaro carpintero le dijo: -Este árbol parece el más alto, porque está ubicado en una loma. El árbol más alto es el más viejo y duro, yo puedo decirte que el más duro es el Sr. Roble, que está en la base de la montaña, pegado a la ladera del río- Sigue leyendo

El Granjero Bondadoso

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Había una vez hace mucho tiempo en un país azotado por la guerra, un anciano Rey, el cual fue sacado por sus fieles del castillo a escondidas, teniendo que huir a pie y sin escolta para no levantar sospechas. Caminó y caminó por días, hasta que sus pies no podían dar un paso más, se encontraba cansado y hambriento, pero a los lejos alcanzaba a ver una granja solitaria, lastimosamente estaba en el país enemigo.

Pero su avanzada edad le impedía continuar hasta las afueras de ese lugar, por lo que no tuvo más remedio que solicitar en esa granja asilo. Lucia andrajoso y sucio por la larga travesía y aun así el granjero le brindó todo lo que necesitaba con buenas maneras. Compartió con él su humilde cena, y después le proporcionó un baño y ropa limpia, además de una confortable habitación para pasar la noche. Sigue leyendo

El pegaso de Vacaras

El pegaso de VacarasSon pocas las leyendas cortas españolas que guardan alguna relación con la mitología griega. De acuerdo con narraciones antiguas andaluzas, se sabe que en la zona en donde se encuentra el Pico Veleta (cabe mencionar que esta es la cuarta formación montañosa más grande de toda España), con cierta regularidad se reunían encantadores y hechiceros, los cuales practicaban rituales extraños.

Tal y como puedes imaginártelo, la gente común le temía muchísimo a esos hechiceros, lo cual ni siquiera intentaban acercarse a esa ubicación. Sin embargo, un muchachito que se dedicaba a cuidar ovejas, desafortunadamente extravió su rebaño y corrió en todas direcciones a buscarlo.

Su suerte lo condujo a una laguna que estaba muy próxima a ese lugar. Sus aguas mansas, puras y cristalinas lo dejaron atónito. Se quedó un rato observando tan bello paisaje, hasta que oyó que unos hombres se acercaban sigilosamente. Se ocultó detrás de unos árboles y se puso a ver cuál era el motivo de la plática.

Ambos individuos estaban vestidos con túnicas y el mayor de ellos traía entre sus manos un libro muy grande y de apariencia antigua. Se pararon a la orilla de la laguna y el más joven sacó de entre sus ropajes una gran red.

– Depositadla sobre el agua con cuidado y esperemos. Dijo el hombre mayor.

– Lo que usted ordene maestro. Respondió el discípulo.

No pasó mucho tiempo para que la red estuviera completamente llena. Luego de eso, fue arrastrada lentamente hasta la orilla.

El pastorcillo se tallaba una y otra vez los ojos, pues no podía creer lo que estaba viendo. Se trataba de un caballo con alas de color ébano.

– Esto no es lo que venimos a buscar. Devuélvelo ahora mismo. Gritó el hombre del libro.

Repitieron una vez más el procedimiento y de nuevo libertaron al animal, ya que era de características similares al anterior.

A pesar de sus dos anteriores fracasos, decidieron intentarlo una última vez. En esta ocasión el animal atrapado en la red era un pegaso blanco como la nieve.

El hechicero volteo a ver a su pupilo y le dijo:

– Sujétalo bien, pues lo llevaremos a casa.

Por fortuna varias personas creyeron la historia del pastor, sino fuese de ese modo, ahora no podría reseñártela.