El Reino de Cristal

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Hace mucho tiempo, en un lejano reino, vivía una Bruja fingiendo ser algo más. Fue desterrada por el Rey al saber la verdad y ella para vengarse convirtió su reino en cristal esperando que el viento se encargara de destruirlo al soplar. Pero el Hada de la Bondad, que solía volar por esos rumbos, intervino, metiendo todo en una pequeña esfera también de cristal, llevándola después a un reino aun más lejano, como regalo para un Príncipe recién llegado al mundo.

Los años pasaron y la Bruja dejó de buscarlo, estaba muy bien guardado en la habitación del Príncipe que ahora era un niño inquieto. Había pasado toda su vida viendo aquel pequeño reino, observando cada detalle, notó lo que nadie, y es que una tenue luz carmesí salía por la ventana de la torre más lejana en el diminuto Castillo. Sigue leyendo

Piel de asno


Érase una vez… un Rey que tratando de cumplir la promesa hecha a su Reina en el lecho de muerte, de casarse solamente con alguien mejor a ella, puso los ojos es su propia hija.

Después de que el Rey superara la pruebas que la joven puso como impedimento. Su Madrina, el Hada de las Lilas, la vistió con una piel de asno, y escaparon del Palacio. Llegó a una granja; donde fue tomada como sirvienta y enviada a un gallinero en lo profundo del callejón. Era ahí donde oculta de todos se vestía con sus ropas de Princesa, así la vio un día el Príncipe haciendo una inspección de sus propiedades, y se enamoró perdidamente de ella. Aunque sufrió desconcierto cuando sus servidores le dijeron que ahí solo vivía Piel de Asno, una sirvienta renegrida y repugnante.

Al volver a su castillo cayó enfermo y para curarse pidió a su madre que Piel de Asno le hiciera una torta, atendiendo aquella orden la chica se encerró, y vestida como toda una princesa preparó la torta tan apetecida. Mientras trabajaba, un anillo cayó dentro de la masa y se mezcló a ella. El Príncipe devoró la torta y encontró la fina joya. Sigue leyendo

Una hoja del cielo

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A gran altura, en el aire, volaba un ángel que llevaba en la mano una flor del jardín del Paraíso, y al darle un beso, de sus labios cayó una minúscula hojita, que, al tocar el suelo, en medio del bosque, dio nacimiento a una nueva planta, entre las muchas que crecían en el lugar. Ninguna quería reconocerla, y se burlaban de ella

Vino entonces el profesor de Botánica. Examinó la planta, la probó, pero no figuraba en su manual; no logró clasificarla. Se burlaron de ella nuevamente las plantas vecinas. Sigue leyendo

Rapunzel

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Había una vez un hombre que tomó unas manzanas del jardín de la Bruja. Pero ella lo descubrió. El hombre explicó que tuvo que hacerlo para salvar la vida a su esposa embarazada. Entonces la Bruja lo dejó llevarse las manzanas a cambio del hijo que su esposa esperaba. El hombre estaba tan aterrorizado que aceptó. Cuando su esposa dio a luz una pequeña niña, la Bruja se la llevó. Al cumplir doce años, la Bruja la encerró en una torre que no tenía escaleras ni puertas, sólo una pequeña ventana en lo alto. Cada vez que la Bruja quería subir, se paraba bajo la ventana y gritaba: -¡Rapunzel, lanza tu trenza!-. El cabello de la joven llegaba hasta el piso. Entonces la Bruja trepaba por la trenza y se subía hasta la ventana. Sigue leyendo

Ricitos de oro

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Paseando por el bosque Ricitos de Oro encuentra una casita abierta y entra. Vio frente a ella una mesa, con tres tazones con leche y miel. Uno, grande; otro, mediano; y otro, pequeñito. Ricitos de Oro tenía hambre y probó, el tazón grande y mediano estaban calientes. Después probó del tazón pequeñito y le supo tan rica que se la tomó toda.

Había también tres sillas azules. Fue a sentarse: la silla grande era muy alta, la mediana era muy ancha y en la silla pequeña, se dejó caer con tanta fuerza que la rompió. Sigue leyendo

La Ratita Presumida

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Erase una vez, una ratita que era muy presumida. Un día la ratita barriendo su casita, se encontró una moneda de oro en el suelo. Después de recogerla, se puso a pensar qué se compraría con ella.

-Compraré caramelos- dijo, -¡Uy no! que me dolerán los dientes-

-Pues me compraré pasteles-, -¡Uy no! que me dolerá la barriguita-

-¡Ya lo sé!, me compraré un lacito de color rojo para mi rabito- Sigue leyendo

La Bella y la Bestia

cuentos infantiles cortos bella y bestiaHubo una vez… un mercader que atrapado por una tormenta, se refugió en un Castillo. Antes de marcharse tomó una Rosa del jardín. Y una Bestia horrenda vestida muy elegante, lo amenazó por haber robado sus rosas favoritas después de brindarle hospitalidad y acordó dejarlo ir a cambio de que le trajera a su hija. El mercader, asustado, hizo una promesa.

Cuando el mercader llegó a casa, le dijo a sus tres hijas lo sucedido, y Bella decidió tomar su lugar en el Castillo. La Bestia la recibió de forma gentil. Y el miedo de Bella disminuyó al paso del tiempo. En la habitación más bonita del castillo, la muchacha pasaba horas bordando cerca del fuego. La Bestia, sentada cerca de ella empezó a decirle palabras amables. Hasta que un día le pidió a Bella que fuera su esposa. La joven se sorprendió al principio, y después se negó aun con miedo a la reacción de la Bestia, pero, ¡nada sucedió!. Sigue leyendo

La Bella Durmiente

cuentos infantiles bella durmienteErase una vez… una reina que dio a luz una niña muy hermosa. Al bautismo invitó a todas las hadas excepto la más malvada. Igualmente ella se presentó en el castillo y, al pasar por delante de la cuna de la pequeña, dijo despechada: -¡A los dieciséis años te pincharás con un huso y morirás!. Pero un hada buena oyó el maleficio, y pronunció un encantamiento para que en vez de morir, durmiera durante cien años y solo el beso de un joven príncipe la despertaría de su profundo sueño. Sigue leyendo

Los colores de madera


Hay niños que desde el momento en que comienzan a descubrir el mundo, saben en que se quieren convertir cuando sean mayores. Afortunadamente, puedo decir que ese fue mi caso.

Quería convertirme en creador de cuentos cortos y a la vez dibujante profesional, para trabajar en una editorial de cómics famosa y así poder colaborar de cierta manera a crear las aventuras de mis superhéroes favoritos.

Sin embargo, aunque mis padres siempre me alentaron, el talento que tenía en mi interior tardó mucho tiempo en brotar. Tanto así que hubo momentos en mi adolescencia en los que pensé dedicarme a otra cosa, ya que mis dibujos parecían hechos por un niño de dos años.

Tomé varios cursos de dibujo, algunos inclusive en institutos de prestigio, otros por Internet y algunos más por correspondencia. Nadie parecía darme la técnica adecuada para perfeccionar mis trazos.

Un día mientras estaba esperando el autobús decidí sentarme en la banca, pues ese día me encontraba particularmente cansado. Sin darme cuenta, me senté sobre un objeto rectangular.

Era un estuche de colores de madera. La casa era negra y en la parte superior traía especificada cada una de las tonalidades que poseía. Jamás había visto esa marca, el logotipo se parecía a un cometa.

Saqué un pequeño bloc que traía y me puse a dibujar lo primero que se me ocurrió. En ese caso, trate de hacer una recreación de la parada de autobuses. El dibujo lo terminé en segundos, las sombras y los detalles eran casi perfectos.

Me subí al camión y en cuanto llegué a la casa de un amigo, le comenté lo que había pasado. El me miró con una cara de terrible incredulidad y me dijo que a lo mejor dichos colores eran “Mágicos”.

Realmente no sabía si eso me lo dijo en broma o en serio, pero lo cierto es que a partir de ese día mi suerte comenzó a cambiar. Mandé mis dibujos a una editorial y me aceptaron como ayudante del jefe de sección. Y en unos cuantos meses me ascendieron a dibujante.

Desgraciadamente en el traslado a mi nueva oficina, la caja de colores desapareció. Creí que todo estaba acabado, hasta que recordé las palabras que me dijo una amiga en una ocasión: “la confianza en ti mismo, es la mayor magia del mundo”.

A la fecha continuó haciendo lo que me gustan y “la magia” sigue fluyendo. Te invito a que confíes en ti mismo, no hay cima que no puedas alcanzar.

La media cobija

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Un día que la familia Pérez compartía su hora de comida, llamaron a la puerta, el Padre atendió el llamado, pero de inmediato volvió a la mesa, su esposa le pregunto: -¿Quién era amor?-,¡Nadie!- respondió el hombre enérgicamente y con cierto tono de enojo. La puerta sonó de nuevo y aventó el bocado al plato. Viendo esta reacción su esposa fue a abrir la puerta, se encontró con un anciano, con las ropas sucias y desgastadas, lucia muy demacrado. Sigue leyendo